AI and Elections in Spain: When Democracy Looks in the Mirror
Por Francisco Cabrera
A Chronicle of a Fabricated Reality
Algo cambió en las últimas elecciones autonómicas en España. No fue solo un cambio de gobierno o una sorpresa en las urnas. Fue otra cosa. Más invisible, más inquietante. Por primera vez, la Inteligencia Artificial dejó de estar en laboratorios y se metió de lleno en la campaña electoral. No con discursos, sino con trampas.
RTVE, La Vanguardia, and other media outlets documented it in detail: massive disinformation campaigns emerged that didn’t seem created by humans—because they weren’t. These were machine-generated products, trained to manipulate emotions. Fake videos with convincing faces. Audio recordings mimicking politicians' voices. Texts crafted down to the comma to spark outrage, fear, and division.
These weren’t mere hoaxes. They were something else: a surgical-scale operation. A kind of confusion factory. And it worked. Because when lies cost less than truth, lies gain ground.
The goal wasn’t to make people believe a specific false story. The objective was more insidious: to seed doubt about everything. To make people question what they see. To make them distrust their own certainties. A manipulated video doesn’t aim to convince—it aims to wear you down. To confuse you so deeply that you end up believing nothing.
We’re Not Being Deceived—We’re Being Used
How is this possible? Because the attack doesn’t target our logic. It targets something more primitive: our impulses. The human brain is filled with shortcuts—cognitive biases—that make us far more vulnerable than we like to admit.
When you see a video that makes you angry or outraged, you share it instantly. That’s exactly what they want—not for you to think, but to react. To turn you into an unwitting accomplice in the manipulation.
Un estudio reciente decía que solo el 54% de los españoles se siente capaz de detectar noticias falsas. La mitad de la población. ¿Qué pasa con la otra mitad? Lo peligroso no es solo que nos engañen. Lo peligroso es que nos acostumbremos a vivir engañados.
Technology Doesn’t Vote—But It Decides
No se trata de demonizar la IA. Es una herramienta. El problema no está en la tecnología, sino en el uso que se hace de ella. Y más concretamente, en la estrategia que hay detrás. Los partidos —algunos, no todos— han entendido que la nueva batalla electoral no se libra en mítines o debates televisivos. Se libra en el móvil. En los grupos de WhatsApp. En los foros. Se libra en segundos, y se gana manipulando emociones, no ideas.
The result? A disoriented, more polarized, more exhausted electorate. And in the long run, that doesn’t just erode politics—it erodes democracy.
What Now?
Hay respuestas, claro. Algunas vienen de los gobiernos, otras de las grandes tecnológicas que intentan crear herramientas para detectar contenidos manipulados. Pero, seamos honestos: siempre vamos un paso por detrás.
La solución de fondo no es técnica. Es humana. Se llama pensamiento crítico. Se llama alfabetización mediática. Se llama enseñar —y aprender— a dudar bien. A verificar. A hacernos preguntas incómodas. Como decía una declaración internacional firmada en Macedonia del Norte: la mejor defensa frente a la manipulación digital es una ciudadanía informada y lúcida.
EPILOGUE It’s Not AI. It’s Us.
Vivimos en una época en la que la cantidad de información ya no es el problema. Lo es la calidad. Y, sobre todo, lo es nuestra capacidad para interpretarla. La pregunta no es si podemos evitar la IA. La pregunta es si estamos preparados para convivir con ella sin perder nuestra capacidad de discernir. Porque en el fondo, la gran batalla no es tecnológica. Es mental. Es cultural. Es estratégica.
En medio del ruido, la claridad es el verdadero poder.